Ir al contenido
Gabriel Grau Caraballo

La poseída

3 min de lectura

Maria Carolina está poseída. No se trata de un demonio que transforma su apariencia en algo terrorífico, ni habla con varias voces, ni la hace orinarse en público. Este es un demonio que se limita a hablar con la gente, sin otro tipo de demostración de su presencia que el cambio de voz, de una niña de siete años al de un hombre con la edad del tiempo. En la casa se llevan bien con el demonio y se divierten con sus ocurrencias.

Hoy el demonio se manifestó por primera vez en el colegio. Se sentía ansioso y reprimió a un niño, «Recoge esa mierda», por haberle tumbado las cosas del escritorio a Maria Carolina. La profesora preguntó quién había dicho eso. Maria Carolina le explicó que tenía un demonio adentro y que era prácticamente inofensivo. La profesora pensó que estaba loca y la mandó a la psicóloga.

— Cuéntame más sobre ese demonio que tienes —dijo la psicóloga. —¿Cómo no te han exorcizado?

— Soy un demonio relajado y tengo mi propio camino Desde mil novecientos siete, no he lastimado a ninguna niña de siete años. — contestó el demonio por Maria Carolina —Ahora te pregunto yo: tú estás buenísima, ¿Cómo llevas tanto sin echar un polvo?

— Discúlpame, Maria Carolina. No voy a discutir esa parte de mi vida con una niña de siete años.

— A la niña no le importa. Estás hablando conmigo — dijo el demonio.

— Tampoco voy a discutirla con un demonio.

— Te conozco, Victoria. Sé todo sobre tu vida. No hay nada que puedas decirme que no sepa sobre ti. Tu primera vez fue el jueves octubre dieciocho de dos mil dieciocho. Tu siguiente vez fue con otro…—y el demonio le contó su vida sexual completa.

La psicóloga quedó perpleja. Pensó que la niña probablemente sí tenía un demonio, porque a nadie le había contado su currículum sexual sin omitir uno que otro poco agraciado. Se lanzó en una diatriba sobre cómo su trabajo no le daba tiempo para nada. El demonio escuchó pacientemente. Maria Carolina pensaba en flores amarillas.

—También sé que no te masturbas —dijo el demonio. ¿Acaso no sabes hacerlo?

La psicóloga le explicó al demonio que nunca había aprendido por el tabú que había en su casa. El demonio le indicó paso a paso cómo debía hacerlo, desde quitarse la ropa interior hasta el orgasmo. La psicóloga estaba emocionada por poner en práctica lo que el demonio le había enseñado, aunque se sentía extrañada por el hecho de haber recibido esa información hablando con lo que parecía una niña de siete años.

Los padres de Maria Carolina ignoraron la sugerencia de la psicóloga de contactar un cura y un psicoterapeuta para que ayudaran a la niña a salir de esa situación tan grave. No era grave en absoluto.

El demonio siguió manifestándose en el curso de Maria Carolina hasta que aprendieron a llevarse bien con él y se divertían con sus ocurrencias.