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Gabriel Grau Caraballo

La Esporádica

2 min de lectura

Sé muy bien que no soy su único amante. Ninguna mujer de su calibre estaría satisfecha con tal esparcimiento de polvos. Es curioso como siempre nos vemos los martes por la noche y los domingos a medio día. Exactamente el mismo horario que el cine de autor, al que voy cuando no me veo con ella. Nunca la veo más de tres veces en un mes.

Teniendo en cuenta el carácter esporádico de nuestros encuentros, uno podría inclinarse a creer que son de carácter acelerado —a lo que vinimos vamos; o bien, enterrando el muerto, soltando el llanto. Curiosamente nunca es así.

Primero, la comida y la conversación de dos amigos de toda la vida. Cuando le recuerdo la universidad me cambia el tema. Dice que no fue su mejor época y tiene razón.

Segundo, bebidas y la conversación gira a la de dos personas que se tienen ganas desde antes de los tiempos de la cuarentena.

Tercero, el acto como tal, que se lleva a cabo de manera relajada y distendida, como si todo el tiempo del mundo fuera nuestro y como si nosotros verdaderamente lo creyéramos. Siempre empezamos por el primer beso y terminamos en el último. Cada encuentro tiene una coreografía planeada de antemano por email como quien escoge muebles para su casa.

Cuarto, la despedida. Un beso instantáneo de novios y Que te vaya bien.

Quinto, ella me vuelve a escribir si el día está bueno.