primero pregunté tu nombre
por educación y para evitar encuentros anónimos
segundo te pregunté si eras cachona
hay que saber reírse de la desgracia
tercero te dije que
te iba a echar el polvo en la cara
tus amigas rieron
ahí supe que me apoyaban
en mi humilde intención
cuarto le hice un guiño a mi pasado
y me lo devolvió
todo estaba bien
quinto te dije que vinieras con nosotros
no quisiste
pero tus amigas te mandaron
qué inmensas son esas santas tremendas
sexto te pregunte
si te podía preguntar algo
te diste la vuelta para mirarme
séptimo te besé
y creí resolver mi duda
no fue así
octavo desapareciste entre la masa
y yo me fui a consolar a un amigo
que con sus lágrimas
me consoló el a mí
(perdón por el egoísmo,
no conozco otra forma de ser)
noveno a los dos días
te vi por atrás
en la universidad
te delató tu aroma
usas demasiado perfume
cuánta atención quieres llamar
o fueron las feromonas
que ya había saboreado
en esa boca tuya
de fuegos artificiales
en noche de cementerio
por fin murió ese desgraciado
decían las pancartas
y la cremación fue
con encendedores prestados
robados
porque esos son los que nunca fallan
y resumimos todos los días del luto
en un festival de anís y besos
con desconocidos
con conocidos
con amores ajenos
prestados
robados
décimo te diste la vuelta
tus ojos vieron los míos
enguayabados
vieron mis labios enrojecidos
por el vino de anoche
vieron quizás
mi alma rota
por el mal querer
y a mí se me olvidó hablar
todo mi ser se dedicaba
a no soñar
no hubo materia gris
ni para un hola
qué más
cachona