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Gabriel Grau Caraballo

Poema en prosa No. 0

2 min de lectura

Me pregunto si te acordarás de mis manos sobre tu cuerpo, así sea por un segundo, mientras limpias de ti las impurezas de la noche anterior. Todo aquello que hiciste ayer, que cuando pequeña te decían que estaba mal. Que no era algo que hacen las niñas buenas. Incluso, te decían que era pecado. Pero que ahora cometes deliberadamente con esa sonrisa tuya tan precisa. Entonces, vuelvo y me pregunto: ¿seré uno de esos dulces pecados que se aparecen en la parte de atrás de tu cabeza mientras tus manos simulan recuerdos en tu piel? También me pregunto si lo que sentiste por mí en aquel entonces fue tan grande como aquella iglesia a la que te llevaban de niña nada más para que sintieras el temor de lo divino ante los techos altos y la cantidad de bancos y de santos, o habré sido un clavo más en tu autocrucifixión, un cómplice de la aniquilación tuya. Y cuando es de noche y estoy solo y me miro al espejo, me pregunto si en las mañanas tranquilas, cuando no hay prisa ni afán que te distraigan, desearías que yo estuviera contigo como en aquel tiempo en el que éramos inmensos como un dolor de muelas en la moral. Como el dolor de la primera pérdida. Como el placer del pecado a pesar de la culpa.