El abuso estandarizado de las redes sociales y el diseño —maligno— de los algoritmos de selección personalizada de contenido, han traído a nuestra generación —entre otros males que se salen del alcance de este escrito— una crisis colectiva de identidad que se basa en una explotación enfermiza del sesgo de confirmación, en la propaganda omnipresente sobre la libertad y en la falta de un sentido de identidad arraigado en principios y valores (que heredamos del siglo XX). A esta crisis, en un nivel individual, me tomo el atrevimiento de llamarla Trastorno delirante por sobreexposición a reafirmación infundada.
Antes de explicar el mecanismo que genera el trastorno que sugiero, veamos primero cómo funcionan los algoritmos de selección personalizada de contenido. A medida que un individuo usa Instagram, la aplicación recolecta información sobre el uso específico del usuario: cuánto tiempo dura cada publicación visible en la pantalla, con qué publicaciones interactúa, cuál es el tipo de interacción en relación a la publicación (dar "me gusta", comentar, compartir), con qué otros usuarios se relaciona y de qué forma, etc. Con esta información se genera un modelo sobre los gustos del usuario. El algoritmo de selección personalizada de contenido —de ahora en adelante, "el algoritmo"— usa el modelo para determinar qué publicaciones tienen una mayor probabilidad de hacer que el usuario permanezca en la aplicación. Para evitar la monotonía, el algoritmo hace sugerencias con base en modelos similares de otros usuarios y se calibra de acuerdo a la reacción del usuario. Tengamos en cuenta que mientras más tiempo permanezca el usuario en la aplicación, más anuncios puede ver y más puede promover que otros usuarios la usen. Conforme pasa el tiempo, la aplicación continúa recopilando información sobre el uso del usuario y el modelo se optimiza continuamente. Así, el usuario encuentra cada vez más contenido de su agrado y —sin darse cuenta— le dedica cada vez más tiempo a la aplicación. El funcionamiento del algoritmo y la continua optimización del modelo representan un ciclo de realimentación positiva.
Un ciclo análogo se presenta en la mente del usuario. Ante la incremental presentación de contenido, la curiosidad o el gusto por un tema se convierten en interés; y el interés, en fascinación. La situación se torna patológica cuando, de la fascinación, se pasa a la obsesión o al delirio. Resulta trivial que para un individuo que pase de ver cinco minutos de contenido sobre un tema a dos horas diarias sobre el mismo tema, dicho tema ocupe su pensamiento proporcionalmente. De igual forma, el incremento en el tiempo de exposición a contenido aleja al individuo de la realidad real —lo aísla— y lo acerca a una realidad ficticia en la que sus marcos de calibración también son ficticios. Progresivamente, el individuo prescinde del aprendizaje interpersonal (determina lo importante y lo correcto con base en sus interacciones con otros individuos) e inaprende lo que ve en pantalla. Entonces, el individuo queda solo con sus pensamientos y con el contenido que consume. La abundancia y diversidad del contenido permiten la explotación del sesgo de confirmación. Ante dos publicaciones contradictorias sobre un tema, el individuo afirma que aquella con la que coincide es la correcta; y la otra, un error. Al determinar una publicación como correcta, no solo reafirma su idea a priori, también afirma cualquier otra información que contenga la publicación. Además, hace que el algoritmo le asigne más publicaciones similares al brindar información que alimenta su modelo. De nuevo, ante la abundancia de publicaciones, el individuo continuamente reafirma sus ideas infundadas, afirma y reafirma las ideas adjuntas ajenas, y acumula adjuntas a adjuntas, ad infinitum. Un ejemplo en abstracto:
El individuo piensa (opina) que A es cierto. Al ver varias publicaciones que afirman que A es cierto y B también es cierto, se convence de que B es cierto. Luego, encuentra una serie de publicaciones que afirman que para que A y B sean ciertos, C debe ser falso. Se convence de que C es falso. El individuo puede continuar acumulando adjuntas tanto como le plazca. Sin embargo, solamente A es un pensamiento (opinión) "suyo". El resto, son adiciones ajenas infundadas que el individuo termina por identificar como propias. Al identificarlas como propias, afectan su forma de pensar y su conducta.
Veamos ahora un ejemplo concreto que ilustra hiperbólicamente el peligro de la acumulación de adjuntas por sobreexposición a contenido personalizado (se trata de un cuento que no quise escribir). Un hombre puede comenzar teniendo una actitud imparcial ante los animales exceptuando los perros. Viendo reels en Instagram, encuentra divertidos los videos de perros. Después de ver cada vez más videos de perros, el algoritmo le sugiere un video de un gato. El hombre también lo encuentra divertido y reacciona positivamente. Ahora el hombre recibe videos de perros y gatos. El algoritmo continúa haciendo sugerencias hasta que el hombre se entretiene a diario con un zoológico virtual. Un día, el algoritmo sugiere un video en defensa de los derechos de los animales basándose en los modelos de otros usuarios que también reciben un zoológico virtual. El hombre nunca había pensado en los derechos de los animales, pero le parecen razonables las premisas del video y reacciona positivamente. Pasa el tiempo, llegan más sugerencias sobre los derechos de los animales y el hombre termina tan de acuerdo que se convierte en activista. Incluso, toma la decisión final de convertirse en vegano. Desafortunadamente, el hombre muere de inanición porque en la realidad real (se había olvidado de ella) nunca aprendió a comer vegetales.
Notemos que lo que mató al hombre del cuento que no quise escribir —pero escribí— fue una decisión conductual basada en una adjunta infundada y diametralmente opuesta a su realidad real. Si bien en la realidad real este caso resulta improbable, el mismo fenómeno patológico se presenta sobre los ideales y la identidad de los individuos de nuestra sociedad.
Un mensaje ampliamente difundido en nuestra sociedad es "eres libre de decidir quién eres". El derecho a la autodefinición de la identidad ha adquirido un valor tal que incluso las opiniones en contra del mismo se toman como agresiones en contra de la Libertad. Sin embargo, la falta de principios y valores sólidos —que Nietzche llamó "La muerte de Dios"— trae consigo una ignorancia profunda sobre la identidad propia. Al no saber quién es, el individuo no puede más que adivinar o inventar su identidad con base en sus opiniones. Cuando la mayoría de estas opiniones son adjuntas que ha ido acumulando en su interacción diaria con los algoritmos de selección personalizada de contenido, el individuo termina seguro de una identidad ficticia e infundada. La certeza sobre esta identidad puede ser vista como un trastorno delirante en la medida en que la identidad se aleje de la realidad real.
Podemos terminar haciendo énfasis en lo grave que resulta el trastorno descrito con respecto a enfermedades mentales. Vivimos en una época en la que la regla es el autodiagnóstico proveniente de la desinformación respecto a los trastornos mentales. Existen trastornos de moda incluso, como el TDAH (Trastorno por déficit de atención e hiperactividad) y el autismo, que son autodiagnosticádos ampliamente siguiendo el siguiente patrón: veo un video donde dicen que la gente con TDAH tiene una conducta X en específico; luego, si yo incurro en la conducta X habitualmente, tengo TDAH —entiéndase que esto es una sobresimplificación del problema para fines didácticos. Esto no se limita a conductas, también a rasgos de la personalidad y formas de sentirse. Ahora recordemos el concepto de folie à deux, dos personas comparten una psicosis por la influencia mutua entre ambos. Ahora podemos hablar de folie à tous, donde hay tendencias informáticas generalizadas que pueden potencialmente afectar gravemente la salud mental de la población como conjunto.